James Kelly Walden, mi Maestro.

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Supongo que pude haber hecho el esfuerzo por localizarlo, escribirle una carta o enviarle un correo electrónico o tal vez llamarlo por teléfono. Pero no hice nada de esas cosas.

Se murió sin saber lo mucho que significó para mí. Fue un hombre sencillo que influyó enormemente en vida. Me inspiró. Me enseñó mucho, muchísimo más de lo que él se pudo haber imaginado. Fue mi maestro de biología y ciencias naturales y confieso que de eso no aprendí mucho. Pero de la vida, del significado de la decencia y la honestidad y de la dignidad y la vergüenza, de eso nadie me enseñó más y mejor que James Kelly Walden.

Hoy, en la página de Facebook de mi escuela me enteré de su muerte. Lo leí en Facebook. No sé. Me hago la idea que merece algo más que eso. Algo más que un frio aviso en una red social. Me da la impresión que este genial hombre merece que se interrumpan las transmisiones de radio y televisión y que el Congreso y la Casa Blanca anuncien su  muerte. Pero más que su muerte, deben anunciar y destacar su vida.

Mr. Walden fue mi amigo. Mi consejero. Mi paño de lágrimas. Mr. Walden fue mi maestro.

No me sorprendió darme cuenta que estaba llorando mientras leía. Y que estoy llorando mientras escribo.

¿Por qué no lo llamé alguna vez? Se que no hubiera sido difícil obtener su dirección, o correo electrónico o teléfono. La última vez que lo vi fue hace como 40 años. Pero también sé que he pensado en él mucho.

Puedo ver su rostro y su perenne sonrisa. No recuerdo haberlo visto alguna vez enojado a pesar de que sobraban las razones. Nuestra actitud y comportamiento ciertamente merecían regaños y hasta castigos, Sin embargo, jamas hubo regaño o castigo. Solo explicaciones y cariños. Recuerdo su caminar, sus gestos, sus manerismos, su voz moderada que nunca se alteraba no importa la situación.

Puedo afirmar que Mr. Walden fue más importante en mi vida que mi propio padre. Quizás solo mi madre fue una mayor influencia.

No sé nada de lo que ocurrió en su vida en estos 40 años que han pasado desde la última vez que supe de él. ¡Que injusto y mal agradecido he sido! ¡Qué gran dolor siento! Pero más que dolor es pesar. Pesar por no haber hecho ni el más mínimo esfuerzo por contactarlo.

Yo no soy de esos de arrepentirse. Siempre he dicho que arrepentirse es perder el tiempo lamentándose por algo que no se puede cambiar; algo que ya pasó. Pero esta vez, esta vez admito derrota. Reconozco que estoy sintiendo al fin lo que significa arrepentirse, lo que significa ese pesar de no haber hecho algo que debí y pude fácilmente haber hecho.

Mr. Walden me enseñó algo mucho más importante que ciencias, biología o basketball. Me enseño otra asignatura mucho más  importante: la vida. La asignatura académica, supongo, era importante. Más importante, sin embargo, era prepararnos para la vida que inevitablemente teníamos por delante. Y muy bien que me preparó. Yo no podría haber llegado hasta donde he llegado sin Mr. Walden en mi vida. El, en gran parte, es el responsable de cualquier éxito que yo haya alcanzado como ser humano. Yo soy lo que soy gracias a él. Yo soy un buen hombre porque Dios un día me puso en su clase.

Mr. Walden nos hablaba de todo. No era simplemente una clase convencional de ciencia y biología. Nos hablaba de nuestro futuro, de los desafíos que vendrían. Y todos prestábamos atención. Incluso los payasos y los incorregibles. No sé qué tenía Mr. Walden que otros maestros no tenían. Supongo que se trataba de vocación y como proyectaba esa vocación. Ser maestro no es fácil. Inspirar a jóvenes es aún más difícil. Es una tarea gigante que solo unos pocos son capaces de lograr. Y Mr. Walden lo logró.

¿Cuantos maestros tenemos durante nuestra aventura escolar? Aquí estoy tratando de llegar a un número. De kindergarten al 12 grado, digamos unos 60. Yo confieso que me acuerdo quizás de 10. Los otros 50 pasaron por mi vida y yo por las de ellos pero sin dejar huellas. De los 10 que si dejaron huellas puedo decir que solo dos han sido una presencia constante en mi vida, en mi mente. James Kelly Walden ha sido el más importante, el más influyente.

Yo sinceramente deseo que cada uno de ustedes haya tenido un Mr. Walden en sus vidas. De ser así, ustedes son mejores hombres y mujeres de lo que habrían sido sin alguien como Mr. Walden en sus vidas.

 

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