El Estado de la Unión.

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Buenos días. Hoy es el día del discurso del Estado de la Unión, un mandato constitucional que todo presidente debe cumplir todos los años. Sin embargo, es rara la ocasión en que ese discurso se revela algo de substancia. Generalmente es pura retórica y demagogia.

Una abundante dosis de promesas políticas que no se cumplen. Las obligadas ovaciones de pie y las protestas simbólicas al no aplaudir.

No vienen a la mente muchos instantes en que algo de substancia se ha dicho. Bill Clinton  en Enero de 1995 dijo que, “la era del gobierno grande ha terminado.” El Noviembre anterior los republicanos habían arrasado con las elecciones al Congreso con la promesa de empequeñecer el gobierno. Claro, el gobierno continuo creciendo.

Pero la realidad es que es puro show y ya el cinismo ha invadido nuestro psiquis colectivo y no esperamos nada del discurso. Solo material para que cada grupo se ataque uno al otro.

Y los niveles de audiencia cada año revelan ese desinterés y ese cinismo. Son realmente pocos los que le prestan atención a pesar de que más y más medios lo transmiten.

El Presidente se para en el podio y habla y habla y con dramatismo pausa después de las frases indicadas para el aplauso y la ovación. Ambas cámaras del Congreso, el Gabinete, los Jueces de la Corte Suprema y los “invitados” actúan robóticamente y reaccionan según el libreto.

Todos saben que es bullshit pero es divertido. Y las cámaras de televisión capturan risas y alguna lagrimita y a algún veterano político durmiendo durante el discurso.

Y entonces termina el discurso y comienza la lenta procesión del presidente abandonando el salón. Apretones de manos y golpecitos en la espalda, un abrazo por aquí y una felicitación por allá. Y la negrería (¡sí! En el Congreso hay abundancia de negrería) del Congreso haciendo su acostumbrado ridículo pidiendo autógrafos al presidente y tratando de llamar su atención para tomarse una foto o salir en televisión con él.

Y después viene la respuesta oficial del partido opositor con un discurso aún más olvidable que el pronunciado por el presidente. Y, como dice mi querido Julio, la vida sigue igual y nada pasó y nada de importancia surgirá del evento. Sí. Eso es todo lo que es, un evento para la televisión y consumo público sin mayor importancia.

Así es. Nada de lo dicho será de importancia para alguien en el universo.

¿Hay alguna mejor opción? Claro-que-por-supuesto-que-si-afirmativamente-sin-duda-alguna.

Como siempre, yo tengo todas las respuestas. Yo propongo que dos políticos designados por cada partido le hagan cinco preguntas cada uno al presidente y el presidente responda cada una en no más de tres minutos. Y que alguien se pare detrás del presidente con vara eléctrica para asegurar que no se pase de los tres minutos.

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