Mi Muerte.

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Hace algunos años escribí un ensayo sobre la muerte. Morirme es absolutamente lo último que quiero hacer.  Morirse es perder el tiempo. La  muerte no tiene sentido.  Eso básicamente fue lo que escribí. Y mi opinión no ha cambiado. Yo tenía unos 30 años en aquel tiempo. Por supuesto que en aquellos tiempos yo ni remotamente pensaba en mi muerte. Era un concepto generalizado y no recuerdo que me motivó a escribirlo.

Al pasar los años mi acumulación de años vividos ha aumentado aunque reconozco que la madurez no ha llegado. En Mayo del 2013 me llevaron de urgencia a un hospital. Y permanecí hospitalizado por varios días. Los primeros días fueron horribles. Intensos dolores que yo jamás había sentido; debilitamiento y mucho temor. Temor por la incertidumbre de no saber que me estaba ocurriendo y temor por a mis entonces 64 años ya había vivido mas que mis padres, especialmente mi madre que murió a los 39 años de edad.

Somos humanos y sabemos que nos vamos a morir en algún momento. Ya no soy aquel que escribió aquel ensayo hace muchos años. Desde hace ya un buen tiempo yo he estado muy atento a mi inevitable mortalidad. Pero, ¡coño! No quiero morirme. Aún falta mucho por hacer. Pero creo que debemos también prepararnos. Y no debe uno esperar a los 64 años y a estar enfermo. Ahora estoy a punto de cumplir 66 y, gracias a Dios, gozo de buena salud.

Pero no podemos negar que la muerte nos puede llegar de repente y ni siquiera permitirnos un adiós y un beso y un abrazo a nuestros seres queridos. La muerte no tiene piedad ni compasión. Por eso yo he decidí poner en marcha ciertos pasos para hacerle mi muerte más fácil a mi familia.

Yo creo, (no puedo afirmarlo con convicción), estar listo para enfrentarme a la muerte. Los documentos  están en orden. El testamento, el dinero, las cuentas de inversión, la pensión, los libros, los escritos, los discos, etc…

Pero nadie puede realmente prepararse para el último adiós porque nadie sabe cuándo será. Lo único que podemos hacer es vivir hoy como si fuera ese último día. Decir muchos “te quieros” y dar muchas gracias a aquellos que han adornado nuestra vida. Y principalmente entregarse totalmente a la familia.

Yo le pido a Dios que me permita serenidad cuando el momento llegue. No tanto para mí como para mi familia. Yo amo y sé que soy amado. He sido un hombre bendecido por Dios con mucho amor de familia y cariño de amigos.

Mi muerte no es tema fácil de conversación con mi mujer y mis hijos. Ellos no quieren ni tan siquiera considerar esa posibilidad. Hasta hace muy poco yo tampoco. Pero estos últimos años y esos momentos de enfermedad y tratamiento y a pesar de las afirmaciones de los médicos que estoy totalmente recuperado, la realidad es que yo si lo he estado considerando.

Como quiera que sea, no me agrada pensar en mi muerte. Pero, nadie sale de esta vida vivo. Mi madre vivió 39 años y mi padre 62. Ya les gané. Aún tengo planes, proyectos, ilusiones, metas por alcanzar. Tengo muchos besos y abrazos por darle a mis hijos y a mi mujer y a otros seres queridos y amigos. Me faltan muchas canciones por cantar. Y tengo muchas historias y relatos por escribir. Confieso que soy egoísta. No quiero morirme y dejar todo eso pendiente. Además, tengo muchísimas madres por mentar y a muchos que quiero mortificar.

Supongo que todo eso me hace un hombre normal.

Durante todos estos tiempos de enfermedad y  convalecencia he recibido mucho cariño y aliento de mucha gente. Amigos y extraños; oyentes y lectores. Me han llamado muchos que hace años no sabía de ellos. Uno de esos fue un viejo amigo y compañero de trabajo en la radio de Miami cuando ambos comenzábamos. Él vive ahora en mi querida isla de Puerto Rico, ya también retirado. Me hizo muy feliz y de mucho bien conversar con él. Recordamos nuestra juventud y nuestros sueños e ilusiones y las aventuras y la diversión que compartimos. Entre recuerdos y risas y alguna que otra lágrima conversando sobre aquellos tiempos lejanos, de repente me dijo que está prohibido morirse.

Pues yo respeto las leyes y si es cierto que está prohibido morirse, no me moriré. Al menos no me moriré por ahora. Pero, por si acaso, estoy listo. Creo que mi familia no estará lista jamás, pero yo creo que yo sí.

 

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