MI MANIFIESTO PARA EL RESTO DE MI VIDA.

MI MANIFIESTO PARA EL RESTO DE MI VIDA.

 

Para cuando lleguemos a cierta edad y cierto momento en nuestras vidas:

 

Ese dinero, mucho o poco, que hemos acumulado, que hemos logrado ahorrar, pues debemos invertirlo en nosotros mismos. No creo que sea buena idea seguir guardándolo para que otros lo disfruten. Y no me refiero solo a mi mujer y mis hijos. Hay yernos y nueras, nietos, el gobierno y su insaciable sed por cobrar impuestos hasta a los muertos. Tampoco debemos “invertir” ese dinero para que produzca mas. ¡No! Ese dinero es para gastarlo no invertirlo. Además, eso de invertir trae angustias y preocupaciones y estos no son momentos para eso. Esta época en nuestras vidas es para alegría, paz, tranquilidad y un poquito de jodedera.

 

También les aconsejo que a esta época de nuestras vidas a no preocuparse por la situación financiera de los hijos. Y mucho menos de los nietos. No me siento nada culpable de gastar mi dinero en lo que me da la gana y no pensar en ellos. Ya los traje hasta este momento de sus vidas. Ya les di una maravillosa y feliz niñez y adolescencia y una extraordinaria vida repleta de alegría y abundancia. Les inculqué ética e integridad y les facilité una buena educación. ¿Qué más puedo darles? Ahora les toca a ellos defenderse por sí mismos y buscar prosperidad propia.

 

Es más, ya no quiero mantener a nadie excepto a mí mismo. Quiero ser egoísta. Quiero darme una buena vida, lo que me dure. Y no quiero responsabilidades excepto atender mis deseos y mis necesidades.

 

Quiero comprar lo que quiera, lo que me llame la atención y satisfacer mis caprichos y antojos. Si quiero viajar a algún lugar quiero viajar solo y sin tener que consultar con alguien o preocuparme por algo o alguien. Es el resto de mi vida y es mía para yo hacer con ella lo que me dé la gana.

 

No me angustiaré o me preocuparé por lo que otros piensen de mí. Total, ¿Qué me importa?

 

Trataré de comer saludablemente pero sin fanatismo o restricciones absurdas. Tampoco he de cohibirme de lo que me guste. Haré algo de ejercicios, moderadamente, sin excesos. Eso de nada sirve. Me refiero a los excesos. De todo tipo.

 

Me concentraré en recordar los buenos momentos de mi vida, ignoraré los malos. Obvio, ¿no?

 

Me bañaré todos los días y estaré siempre presentable. Me mantendré limpio en todo momento y seguiré siendo algo vanidoso pero no ridículo. Nada de imitar modernismos. Intentaré mantenerme acorde a mi momento en el tiempo y a mi generación.

 

Voy a leer libros, periódicos, revistas. Me mantendré bien informado y atento a los sucesos del día. Pero no permitiré que las dificultades de otros o las desgracias del mundo me afecten en lo más mínimo. Que cada uno resuelva lo suyo.

 

Intentaré mantener contacto con amigos y hasta trataré de socializar y convivir con otros. Pero, tampoco será prioridad máxima. Cuando se pueda, pues se puede.

 

Bajo ninguna circunstancia caeré en la tentación de vivir con mis hijos. Los visitaré y compartiré con ellos pero les daré su espacio para que me concedan el mío.

 

Tendré todos mis papales en orden en cuestiones de testamento y enfermedad. Y me aseguraré que no me convierta en estorbo o carga de alguien.

 

Los dolores y molestias, inevitablemente siempre presentes, me los reservaré y compartiré solo con mis médicos. Compartirlos con otros solo causa más problemas y más angustias a otras personas. Ya conmigo es bastante.

 

Pero lo más importante es que haré lo que me dé la gana, como me dé la gana, cuando me dé la gana, con quien me dé la gana, o solo cuando me dé la gana.

 

Finalmente, les aconsejo que encuentren ustedes, los que están en mi misma situación, algo que les de placer. Empleen su tiempo de una manera que les haga, si no feliz, al menos aceptablemente satisfechos.

 

Y yo seguiré cantando. Hasta el preciso momento en que me llegue el fin, sé que me iré cantando.

 

 

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